sábado, 5 de abril de 2014

Una experiencia ecuestre muy diferente.

Les comparto mi escrito para la revista Coma Suspensivos. www.comasuspensivos.com.mx Andrea es una niña de piel clara, cabello oscuro y rizado, recogido en dos coletas. Tiene seis años y parálisis cerebral. La conocí un lunes hace un par de semanas, durante su equinoterapia. Estaba recostada, bocabajo sobre el lomo de Castaña, un caballo color canela. —Hola Andrea —saludé. Ella, al escuchar mi voz, hizo un gran esfuerzo por volver su cabeza y fijar la mirada. Le llamaron la atención mis lentes de sol, me di cuenta porque arrugó el entrecejo y después mostró el asomo de una sonrisa, que le cambió la expresión en el rostro. —¿Cuánto tiempo lleva tomando la terapia? —pregunté a Magui, la encargada —Tres años. —¿Ha notado evolución desde que iniciaron? —quise saber. —Sí, ha sido increíble —respondió—, cuando Andrea llegó era semejante a una muñeca de trapo, no tenía nada de fuerza. Ahora ya puede empujarse un poco y aunque ha sido lento, estamos muy contentos con el avance. Sabemos que va a seguir mejorando. Me acerqué a la niña, extendí mi mano para tocarla. Ella tomó mi dedo índice y lo envolvió con sus deditos. Entendí su saludo: Un ligero apretón. Con él me decía hola, me contaba que la terapia iba bien. Quise observar un poco más del método terapéutico. Andrea se abrazaba al caballo, sintiendo la crin, dejándose llevar por la cadencia del animal, al tiempo que Magui se encargaba de protegerla, caminado a un lado. La equinoterapia estimula las articulaciones y los músculos del ser humano. Se presume que los movimientos del caballo son semejantes al caminar del hombre, por tanto, las personas que tiene alguna discapacidad se sienten protegidas y fuertes con el vaivén del equino. Esta actividad rehabilitadora provoca una evolución en el área psicológica, congnitiva, neuromuscular y social, disminuyendo así la ansiedad, ayudando a superar los miedos, estimulando la comunicación, mejorando la capacidad respiratoria, fortaleciendo los músculos, entre muchas otras más ventajas. La bondad de los animales es sanadora. ¿Cuántos de nosotros, que tenemos y convivimos a diario con una mascota podemos dar testimonio del amor incondicional que son capaces de dar? En este caso, Castaña muestra una paciencia y una docilidad que van más allá del simple entendimiento y comportamiento animal, es como si supiera a la perfección que Andrea necesita de su apoyo. Existe una conexión, un enlace que se siente, se percibe en el aire, un hilo dorado que los engancha, los ata de manera mágica, profunda, espiritual. No hay necesidad de hablar, tan sólo de sentir, de palpar. Las manitas de Andrea tocan a Castaña y esto le despierta las sensaciones, los sentidos. Castaña, por su parte, percibe la sinceridad que existe en el corazón de Andrea y continúa su paso, le transmite esa fortaleza de animal salvaje, de trote seguro, de libertad y se vuelven uno, confían, avanzan, experimentan. Veo la escena y no puedo evitar compararla con la fragilidad de la vida y sus enseñanzas. Para Andrea es un caballo, para mí ese caballo es un sueño, una meta, una pasión. ¿Cuántas personas en este mundo no aprovechan la oportunidad de subirse a ese caballo para crecer, avanzar, mejorar en cualquiera que sea ese sentido? Haber conocido a Andrea y la equinoterapia de cerca, aparte de percibir la fortaleza de la pequeñita para enfrentarse a la vida, me deja también la moraleja de que no importa el impedimento al que nos enfrentemos, la fortaleza de espíritu es mucho más poderosa que el esqueleto.

miércoles, 2 de abril de 2014

Autoestima.

Hace poco me hicieron una pregunta. Cómo puedo mejorar mi autoestima? La mejor solución sería, tener una varita mágica para arreglar nuestros defectos, resolver los pendientes, corregir los errores y bueno, la lista de deseos continua..., lo cierto es que nadie puede solucionarte nada, habrá algunas excepciones donde los padres, los amigos, el novio, el marido, el dinero, te ayude "por encimita" a maquillar algún pendiente, o problema, que te haga sentir cómodo o comprendido, inclusive aceptado, pero en el fondo, sigues con los mismos temores, acumulas inseguridades que te van debilitando al momento de hacer frente a "x" situación que demande tu coraje. Y es ahí cuando te das cuenta de cómo está tu autoestima. Por ejemplo. Si el novio te engaña con otra chica (supongamos que sucede en la etapa adolescente) lo perdonas y regresas? lo perdonas y lo dejas ir? No lo perdonas pero guardas resentimientos? Sabemos que la traición es un golpe al ego, también depende de cuánto te valores o valores la situación. Por ejemplo, tu jefe o jefa, sabe que tienes talento y no te paga lo que mereces ni reconoce tu esfuerzo,(como miles de casos) lo enfrentas? abordas el tema con tiento? te sientes fuerte para buscar otras opciones? Esperas a que alguien te valore? Por cuánto tiempo te quedas trabajando ahí? Otro caso muy común, es que te gustaría correr nuevos retos, hacer algo artístico por mencionar algo (como también es mi caso), pero esos retos también incluye exponerte a las críticas, por ende aceptar el rechazo. Te animas de cualquier forma? pues esos son algunos ejemplos para conocer cómo está tu autoestima. Lo que a mi me ha resultado es saber qué tan al pie de la letra cumplo mis propias promesas. Tomaré el ejemplo del novio traicionero, situación que me ocurrió en varias ocasiones. Cuando mi primer novio a los quince años me pintó el cuerno con otra niña, supe muy en el fondo que eso estaba mal, un instinto de inconformidad me gritaba que no podía volver a tomarlo de la mano, sabiendo que había bailado con otra,tampoco podía volver a besarlo,(cosa que intenté cuando pidió mi perdón) y entonces lo terminé, siguiendo a la voz que me gritaba respeto. Lloré su traición y no volví a tener novio sino hasta cuatro años después. Tanto me marcó ese engaño, pero quedé muy satisfecha de saber que estaba siendo fiel y honesta a mi sentir. En eso creo que radica el autoestima, en darte el valor que tú quieres darte y que exiges que otros también te den. Eso te va formando el carácter. Es un conjunto de integración tanto de pensamiento, de aceptación, vivencias, oportunidades y fuerza de voluntad. Es un camino difícil cuando se crece con inseguridades, aunque lo importante es reconocer esas inseguridades, tener la capacidad para analizarse, criticarse de manera constructiva y abierta de tal forma que podamos ver los errores. También creo que algo fundamental es el perdón, pues así te liberas. Me ha costado más trabajo, en algunas ocasiones, perdonarme a mí misma por las estupideces cometidas que dejar ir el pasado en sí. Entonces, con respecto a la pregunta de cómo mejorar el autoestima, sabemos que no es sencillo, lo que para unos funciona para otro no, cada cabeza es un mundo y cada espíritu es distinto, lo que sí creo es que si algo merma tu espíritu, está mermando lentamente tu autoestima y por ahí debes empezar a fortalecerte.

miércoles, 26 de marzo de 2014

El miedo.

Les dejo mi tercera entrega para la revista Coma Suspensivos, www.comasuspensivos.com.mx El año pasado, estando en una feria del libro en Ensenada, encontré un ejemplar de La Viuda, novela de la gran escritora María Luisa Puga. La portada llamó mi atención: una mujer mayor, robusta, sentada, recargada sobre varios cojines y sosteniendo entre sus manos hojas blancas… me miraba expectante. Tomé el libro y quedé atrapada desde las primeras líneas. “Me da miedo, pero sí hay que aprender a decir no. Miedo porque nunca lo había hecho. No tengo la costumbre. No creía que se pudiera. Y no importa que mi situación en este momento se deba a un no, precisamente. No me quise venir en avión. No quise que me trajeran mis hijos en coche ni que Pina mandara por mí. No. Escogí el tren. Pensando en las películas, lo más probable. En viajes que hice de joven a Guadalajara. Cómo iba a saber que ya no era lo mismo. Pero qué tonta, pues ya nada es lo mismo, cómo no se me ocurrió. Ni Acapulco, ni la Ciudad de México, y Pátzcuaro seguramente tampoco. Han pasado cincuenta años ( desde que me casé…)” María Luisa Puga narra de manera sencilla, fluida y precisa la historia de Verónica, una mujer que no sabe cómo manejar su libertad luego de la muerte de su marido, ya que, durante cincuenta años ha estado dedicada a su familia, pasando por alto sus deseos. Aparte de asimilar la soledad, le llega el momento de tomar sus propias decisiones. Durante ese proceso, descubre una travesía hacia su interior, afrontando sus miedos. ¿Qué puede esperar de la vida una mujer que nunca ha decidido sola? ¿Qué proyecto personal puede trazarse quien nunca ha vivido por cuenta propia? Al terminar de leerla, me quedé pensando en el miedo. En cómo nosotros mismos somos el gran saboteador, los únicos que provocamos esa parálisis o detrimento, nadie más. El miedo es un patrón de conducta, aprendido desde la infancia, podría decirse heredado. Miedo a la muerte, miedo a perder la seguridad económica, miedo a perder el amor de una pareja, miedo a correr riesgos, miedo al cambio, inclusive miedo al qué dirán. Es la sombra que persigue al ser humano, que lo estanca. En La etología del miedo, Osho comenta que “El miedo sólo existe en el mecanismo de la mente. Y la mente no es otra cosa que el conjunto de los condicionamientos recibidos de otros. Siempre que te encuentres con algo nuevo tu mente te dice: —Espera, esto es muy extraño; es algo que no habías hecho nunca antes. No hagas nada que no hayas hecho antes; no lo hagas, es arriesgado. ¿Quién sabe cuál será el resultado?—. La mente es siempre ortodoxa porque vive a través de programas. Ella quiere que sólo hagas aquello que ya has hecho, porque en eso eres bueno, eficiente. Es más seguro, ya sabes hacerlo ” Si nos hacemos conscientes de cuáles son nuestro temores, podremos analizarlos y enfrentarlos desde una perspectiva más objetiva. Sabemos que el miedo no se puede eliminar, pues es una energía que existe, que está, pero con el hecho de comprenderla la podemos transformar, inclusive aplicar soluciones. Estamos conscientes que no podemos crecer con miedo ni desde el miedo, ya que el mundo, la vida misma, es evolución y el ser humano debe adaptarse a los cambios, crecer con ellos. Abordar el tema del miedo es muy complejo, está relacionado con los apegos, con el pasado, con el deseo, con la madurez, con el perdón, con muchas circunstancias a las que nos enfrentamos a diario. No pretendo sonar ingenua ante este tema, tampoco impertérrita, tan sólo es la reflexión que el libro de la gran escritora Puga me dejó; una invitación a la introspección, a la recapitulación de los temores y planteamientos a futuro, de lo que me ancla, lo que me invita a volar, lo que sé debo dejar atrás o perseguir. Tú, ¿a qué le tienes miedo? Nota: Comparto este pensamiento de Doreen Virtue, el cual me pareció interesante, y como soy creyente de que la mete atrae lo que deseamos, quizá haya alguien que lo quiera repetir. “Libero mis miedos antiguos, porque ellos nunca fueron parte de mi verdadero ser. Soy fuerte ahora y siempre, poseo mi poder con amor y gracia, avivado con pensamientos bondadosos, emociones positivas y fe total”

jueves, 13 de marzo de 2014

Proyectos de cine, sueños y algo más.

Les comparto, mi segunda entrega para la Revista Coma Suspensivos, no dejen de visitarla, se encontrarán con artículos muy interesantes!!! www.comasuspensivos.com.mx El director de cine René Bueno me recibió en su oficina, enfundado en pantalones de mezclilla, gorro negro con rayas azules, camisa color vino y sonrisa franca. Un póster grande de su última película, Recién Cazado, cubre gran parte de la pared a su espalda, a mi lado derecho fotografías de su primera película, Siete mujeres, un homosexual y Carlos, y en la esquina un perchero del que cuelgan varios gafetes con entradas preferenciales a festivales de cine y eventos especiales. Tomé asiento, con libreta y pluma en mano me dispuse a interrogarlo. Soy de la creencia que si puedes visualizarlo, puedes lograrlo. En 2002, con veintidós años, la carrera de licenciado en comercio exterior terminada, un buen trabajo y todo lo que cualquier egresado puede soñar, me vi envuelta en una especie de sopor depresivo, pues lo que había estudiado no me apasionaba. Fue resultado de una búsqueda interna y como pleno ejercicio experimental que encontré en las letras mi vocación, aprovechando mis ratos libres para escribir. No quiero ahondar en detalles, pues no es ésta la historia que quiero contar, no obstante, es un punto indispensable para la misma. Un domingo del verano de 2005 decidimos, mi novio (actual esposo) y yo, ir a rentar una película. Entramos al lugar y escogimos Siete mujeres, un homosexual y Carlos. Nos gusta el cine en nuestro idioma, aparte el director es ensenadense, eso lo hacía aún más atractivo, pues también somos de Ensenada. Disfrutamos la película, recuerdo que discutimos el tema y los pormenores que se desarrollan durante los noventa y cinco minutos que dura el largometraje. Esa noche me puse a soñar que me encantaría algún día ver mis novelas en la pantalla grande. Por aquel tiempo no tenía conocimiento sobre el proceso de publicación y el vía crucis al que se enfrenta un escritor, ni hablar de lo que hay detrás del esfuerzo para filmar una película. Transcurrieron los años y en 2008 publiqué mi primera novela: La huida. Estando en una entrevista de promoción, por azares del destino, magia, suerte, coincidencia o como se le quiera llamar, la persona que me entrevistaba resultó ser primo de René Bueno —no cabe duda que el mundo es pequeño—, gracias a él pude hacerle llegar mi novela y aunque ésta no le interesó, jamás imaginé que esa primera novela, ese atrevimiento despojado de vergüenza y vestido de valentía, sería el que me abriría la puerta hacia la posibilidad de cumplir el sueño de algún día una de mis historias se hiciera película. Casi diez años después tenía a René enfrente y lo cuestionaba sobre su pasión; la manera en la que convertía en imágenes su forma de ver la vida, el mundo, su percepción y sensibilidad de todo aquello que le circunda y que transforma al unir en perfecta mancuerna historias, actores y lugares. —Empecé a los diez años de “jala cables”— comenta sonriendo—, mi padre conducía el noticiario local en Ensenada, así que desde pequeño tuve ese contacto. Siempre, el tema de las cámaras fue mi adicción y pensaba en contar historias. Sentía que cuando salía una película, todo mundo la veía y la comentaba, como que yo veía más cosas que los demás y me parecía raro. Lo que me confirma que perseguir un ideal con base en el esfuerzo y la dedicación, sin duda te conduce al éxito. René ha visto por más de treinta años los cambios tanto en tecnología como en la manera de pensar, así como el proceso progresivo de esta industria y me interesé en saber cómo ve al cine mexicano actualmente. —Lo veo en evolución positiva, está pasando por un periodo de crecimiento. El 80 por ciento de los directores, después de su primera película, no vuelve a dirigir, pues el proceso de filmación y todo lo que conlleva realizar un largometraje es muy complejo, incluso podría decir doloroso. Sin embargo, siento que hay una conexión entre el cine que se hace hoy y el público que con mayor frecuencia acude a verlo. De las películas mexicanas que se han producido recientemente, el 95 por ciento cuenta con los fondos federales, pero ahora, como hay tantos proyectos, los fondos federales ya no alcanzan y se están empezando a buscar otras avenidas, como inversión privada, apoyo en los gobiernos de los estados, patrocinios, etcétera. Nuestra plática se extendió durante una hora. Me enteré que somos el quinto país a nivel mundial en taquilla y que contradictoriamente sólo se destina un diez por ciento al tiempo en pantalla para las películas mexicanas, lo cual pone un freno a la misma industria. —¿Qué le cambiarías?— quise saber. —Una cosa técnica: El orden en cómo funciona el incentivo fiscal; esto es, primero resolver que te aprueben el proyecto y luego dar un tiempo de buscar a las empresas para que ofrezcan el incentivo, ya que se hace todo el trabajo de conseguir a dichas empresas primero para obtener la documentación, etcétera, y resulta que si no se aprobó el proyecto fue trabajo perdido. Me contó que sus mayores influencias han sido estadounidenses, aunque su director favorito es el italiano Giuseppe Tornatore, realizador de Cinema Paradiso, Baarìa, Malèna, entre muchas otras. Para René una historia interesante es aquella que tiene ritmo, sentido, que se desarrolla entre una mezcla de sorpresa y si muestra una lección de vida la vuelve aún más atractiva. —¿Qué es lo que más disfrutas al momento de filmar? —Disfruto desde la primera vez que digo acción hasta el momento del corte. No pude evitar preguntarle qué le había gustado de mi segunda novela, Expediente 93. “Es una historia original en el sentido de que siempre nos encontramos con que es el hombre el que engaña y aquí es al revés, creo que mucha más gente se puede identificar con la temática de la novela y el factor sorpresa que se desarrolla al final”. –¿Qué proyectos tienes en puerta? –Una película biográfica sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y una película independiente de siete historias, que lleva por título TJ I Love U –¿Qué consejo le darías a los jóvenes que quieren hacer cine? –¡Aventarse! Que lo hagan, tienen todo a su alcance para lograrlo. Aunque el proyecto de Expediente 93 sigue en la fila de espera, ahora sé que sin duda llevo un paso más avanzado de cuando me puse a divagar, deseando que alguien volteara a ver mis escritos y convirtiera mi loco sueño en realidad. Sigo creyendo que si puedes visualizarlo, ¡puedes lograrlo!

lunes, 10 de marzo de 2014

Último día del año.

Hoy, es mi último día con 33 años. Y como siempre, me gusta hacer recuento y agradecer las enseñanzas. Fue un año de aprendizaje, donde tomé decisiones para cambiar mi rumbo, enfocada en alcanzar mi objetivo: Escribir. Experimenté cambios, pérdidas, términos y renuncias. Mi marido, mis dos perros y yo, nos mudamos de nuevo al rancho y con eso la paz, la tranquilidad y una energía renovadora y positiva nos ha cargado (todo vuelve a estar en su lugar, a su debido tiempo y espacio). Concluí con el guión de cine de mi novela Expediente 93, renuncié a mi trabajo, visité Chiapas, finalicé mi cuarta novela Vida Arrabalera. Aprendí de mis errores, crecí espiritualmente, me desprendí de cosas materiales. La muerte llegó por mi abuela y la familia experimentó el trance doloroso del desapego físico, sin embargo, soy creyente de que el espíritu sigue. Llegaron a mí, la invitación para colaborar en la revista Coma Suspensivos y un nuevo proyecto de escritura con el que pretendo iniciar muy pronto. Mis 33 años estuvieron llenos de revelaciones y mensajes angelicales que me dieron la fuerza para continuar, contar con la confianza de que el sendero que camino se abre, que vendrán situaciones maravillosas. Sin duda fue un año fundamental, pues definí con mayor fuerza mi carácter y me perdoné por las malas decisiones tomadas en el pasado. De eso se trata, de superar los errores, luchar por las metas y sueños, hacer lo que nos gusta y nos eleve al mayor estado de todos, la felicidad; sin ella no podemos darnos a los demás y ser un instrumento de amor.

martes, 25 de febrero de 2014

Escrito para revista digital Coma suspensivos.

Les comparto mi escrito para la revista digital Coma suspensivos, www.comasuspensivos.com.mx no dejen de dares una vuelta, les va a gustar!!! Hace algunos meses, realizando mis ejercicios matutinos de estiramiento, concebí la idea para mi siguiente libro, llevaría por nombre La llave y sería algo muy distinto a las novelas que he escrito. Este libro debe tocar temas de una manera sencilla y práctica para esclarecer las dudas, los miedos y hurgar en el interior, con la finalidad de caminar por el sendero correcto, por citarlo de alguna manera, y tomar la rienda de nuestra vida. Considero que la mayoría de las personas vive inmersa en una rutina que las carcome, dejándolas secas, provocando frustraciones y llevándolas al caos interno. Existe una lista interminable de libros de superación personal que, finalmente, tienen el mismo objetivo y te venden el mismo concepto (aclaro, nunca estuvo en mis planes escribir sobre ese tema). Podrán pensar que alucino, pues así como estaba, acostada boca arriba y abrazada a mi pierna derecha, recuerdo perfectamente visualizar la portada blanca con una llave antigua en el centro. Por algunos días desistí de mi voz interna, acallando la idea, pero la imagen seguía ahí… Luego entonces decidí zambullirme entre mis libros para iniciar con las investigaciones que me ayudarían a marcar la pauta para desarrollar mi nuevo proyecto, pues no sabía por dónde comenzar. Pedí señales. Tomé el libro de Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, y lo que leí de alguna manera lo interpreté como la respuesta para continuar. “La idea que tenía su abuela de una diversión a lo grande consistía en tomar un tren con destino a Chicago, llevar puesto un gran sombrero y pasear por la avenida Madison, contemplando los escaparates como una dama elegante. Contra viento y marea o porque era su destino, se casó con un granjero, se fue a vivir con él a la región de los trigales y ahí empezó a pudrirse en aquella bonita granja que tenía justo el tamaño adecuado, con los niños adecuados y el marido adecuado. Ya no le quedó tiempo para la frívola vida que antes llevaba. Demasiados niños, demasiadas tareas femeninas. Un día, años más tarde, tras fregar a mano el suelo de la cocina y la sala de estar, se puso su mejor blusa de seda, se abrochó su falda larga y se encasquetó un gran sombrero. Después se introdujo el cañón de la escopeta de caza de su marido en la boca y apretó el gatillo. Todas las mujeres saben por qué fregó primero el suelo”. Con este pequeño ejemplo me queda claro que cuando no seguimos ese instinto, esa ilusión que nos motiva, estamos sofocando al espíritu, apagando el alma y morimos poco a poco. Sí, el país está en una situación crítica. Sí, la economía es pésima, el hambre, la pobreza, el abuso, la falta de valores… y la lista sigue. Nos bombardean de anuncios negativos, nos limitan el panorama, nos venden la idea de una felicidad errónea y, entonces, empiezas a olvidarte de tus sueños, de tus metas, de lo que te hace realmente feliz, sin percatarnos de que la peor barrera somos nosotros mismos y hay que aprender a saltarnos, seguir las señales y encender el fuego de la pasión para perseguir aquella loca idea que tuvimos alguna vez y que se quedó encerrada en algún recoveco de la memoria y el corazón. Así que quiero ver hacia dónde me lleva esta nueva aventura, esta loca idea de creer y seguir las señales, de perseguir la portada blanca con una llave antigua.

Entrevista Periódico El Vigia, por Gerardo Ortega.

¿En qué lugares ha presentado la novela Expediente 93? He presentado mi novela en el Centro Estatal de las Artes de Ensenada, Casa de la Cultura de Ensenada, Casa de la Cultura de Tijuana, La FIL Politécnica en Ensenada, La Feria Internacional del Libro en Guadalajara y en distintas Universidades de Ensenada como UABC, Xochicalco, CUT, Universidad Vizcaya de las Américas y en la escuela de gobierno Educational Cultural Complex en San Diego, California. ¿En qué momento empezó a escribir? Después de concluir la Licenciatura en Comercio Exterior y trabajar un tiempo en el área, me percaté de que mi carrera no me satisfacía; entonces como resultado de una búsqueda interna y en pleno ejercicio experimental a los 24 años descubrí en las letras mi vocación. Desde entonces supe que escribir sería el camino a seguir. ¿Tomó talleres literarios o tuvo algún maestro que la guió? Tomé dos talleres literarios en la Escuela de Artes de la UABC en Ensenada, aunque me considero más autodidacta, pues leo desde los nueve años. Leer a otros autores me ha enseñado muchísimo, como conocer puntos de vista, analizar perspectivas, opiniones, ellos también han sido mis grandes maestros. ¿Qué es para usted el acto de escribir? Escribir para mí es ya una necesidad, una forma de vivir. Narrar historias, crear personajes, desmenuzar sentimientos, plasmar ideas o pensamientos se han convertido en un acto que es parte de mí, donde la imaginación y yo tomamos la hoja para erigir mundos. Disfruto inventando amores, desamores, buscando alternativas para mis personajes, desbaratando sus reglas, que sé yo, escribir es también observar, leer, sentir y utilizar todos los sentidos; no me imagino de otra forma. ¿Qué aspecto fue el que le costó más trabajo al momento de concretar Expediente 93? Para mí, crear una historia en sí no es sencillo, tengo que sentir cada uno de los personajes, verlos moverse, hablarme y a veces, el proceso narrativo se detiene; pues no fluye el sentimiento o la acción, no es que me cueste trabajo en sí concretar la historia, pero en gran parte hay que ser paciente también para lograr llegar hasta el fondo de lo que se quiere transmitir, eso por una parte en cuanto a la novela, por otro lado, en cuanto al proceso de publicación una vez que ya se tiene el manuscrito terminado, no es sencillo lograr que te publiquen, pues se requiere de mucha paciencia, valor, esfuerzo y yo diría también que un poco de suerte. ¿Qué lector concretamente, personaje de carne y hueso, le preocupa o le importa más su opinión? Cuando escribo no lo hago pensando en alguien en particular, simplemente me dejo llevar por los hilos de la imaginación y el sentimiento. Escribir es un acto profundo que se comparte con la soledad y uno mismo; la primera persona que debe quedar satisfecha es el propio escritor, pues si quedas contento con el resultado, habrá alguien más que comparta tu sentir, al igual que habrá otros tantos que estén en desacuerdo. ¿Cuál ha sido la impresión más extraña que ha recibido de alguno de sus lectores luego de leer alguna de sus obras? En realidad, me siento bendecida y contenta porque al menos por el momento no he tenido ninguna impresión extraña, por el contrario, más bien alentadora. Por ejemplo, de mi primera novela, La huida, un lector se acercó a mí para comentarme que es músico y si algún día esa novela se llevaba al cine, lo considerara, pues le gustaría componer la música. En mi segunda novela Expediente 93, el director de cine René Bueno, me propuso llevarla a la pantalla grande y es para mí un orgullo que el año pasado hayamos terminado el guión cinematográfico. También he recibido comentarios lindos de otras personas que me han leído y que de alguna manera se han sentido identificados y sobre todo cuando me comentan que no son muy asiduos a la lectura pero que a pesar de eso no han podido soltar mi novela; para mí es un paso enorme, pues con mis letras sencillas pretendo también acercar a los jóvenes a la lectura. ¿El proceso de la escritura es una etapa placentero o dolorosa y por qué? Para mí es una etapa placentera. Adentrarme en el mundo de mis personajes, sus actos y pensamientos es un proceso creativo que me llena, me satisface y a la vez me enseña, pues hay que sensibilizarse y conjugar lecturas, investigación, creatividad, inventiva y volcar todo aquello en líneas para que el lector se vuelva tu cómplice, me parece fantástico. ¿Se considera de alguna manera cronista de un sector de la población o una simple observadora? Una simple observadora que se atreve a contar historias desde la ventana de sus ojos, desde sus dedos ligeros que con osadía y carente de pena, intentan transcribir la voz de esos protagonistas que la acompañan en la soledad, entre sorbos de café por las mañanas, el ruido del silencio y la tranquilidad de la naturaleza que le rodea, donde escribe, donde sueña.