Dejé la ciudad para regresar al campo.
A esta quietud que la naturaleza transmite. El silencio roto por el sonido de las aves, la brisa de la mañana que me golpea el rostro con suavidad diáfana y fresca. Tomo la taza de café entre mis manos, percibo su aroma y saboreo el reconfortante líquido en un trago mientras pienso en los cambios y sorpresas que nos da la vida.
El lunes cumpliré 33 años.
Hace unos meses me encontraba en mi departamento sin siquiera imaginar o planear el cambio de residencia, esto una vez más me confirma que aunque hagamos planes o proyectos la vida te da sorpresas cuando menos lo esperas. El día que me muedé de aquí, hace casi dos años, lo hice pensando en que la cuidad era lo mío, el ajetreo me vendría mejor que la paz de la naturaleza y me daría más oportunidad en todo sentido. Aunque debo confesar que en ocasiones pensaba en este lugar, en despertar con esta tranquilidad sin vecinos en derredor —como que la taza de café me sabe mejor— ideas mías tal vez, quizá y como la mente es tan poderosa, en el fondo mi deseo de estar de regreso se hizo realidad, igual y debía salirme de aquí para poder valorar lo que tenía. Lo cierto es que estoy feliz por el regreso y de iniciar un nuevo año también.
Como todos los años me gusta hacer recuento,sacar el balance, para ver qué es lo que tengo que mejorar y agradecer. Este año que está por concluir fue el año de la salud, tuve algunas complicaciones con la extracción de una muela del juicio lo cual me llevó a perder casi 6 kilos, también me detectaron una rara condición que se llama costocondritis, como si eso fuera poco la gripa me tumbó por algunos días y para cerrar con broche de oro, una bacteria se instaló en mi intestino sintiéndose ama y señora de aquel reino tibio, del cual al fin después de unos meses, pude desterrar gracias al enfrentamiento de una embate guerrillero con medicamento de artillería pesada. Salí bien librada de mis ataques corpóreos, supongo que él mismo pide a gritos un cambio cuando no está en el lugar indicado, que de alguna manera expone su objeción y quizá lo mío era regresar al campo.
No todo fue enfermedad claro está, también presenté mi segunda novela "Expediente 93" en Ensenada, Tijuana, San Diego y Guadalajara en la FIL. Inicié el guión de cine de la misma historia en conjunto con René Bueno, una excelente persona y talentoso Director y Productor de cine, orgullosamente Ensenadese como yo, que por azares del destino, se cruzó en mi camino para poder alcanzar la meta que me fijé 9 años atrás, cuando no tenía idea hacia dónde me llevarían mis letras, pero lo que sí tenía, era la certeza de que ese era el camino que quería tomar.
En cuanto a diversión, mi viaje a España fue el respiro que necesitaba para olvidar enfermedades y trabajo. Los viajes son para mí la cereza en el pastel, la energía que me recarga, caminar ciudades, probar comida típica, saborear bebidas deliciosa, escuchar otro acentos, llenarme las pupilas con el entorno, respirar otros aires, observar la luna desde otro punto del planeta, es sin duda, uno de los placeres de la vida.
En general, estoy a punto de concluir un muy buen año. Doy gracias a Dios y a mis ángles por su protección y bendiciones, por poner en mi camino a todas las personas que me rodean, las que están, las que se han ido, las que llegaron de paso para eseñarme mucho, inclusive para las que están a pesar de la distancia. No sería la misma sin los tropiezos, errores y anécdotas, sin todos los libros que he leido y sus historias, sin mis buenos y malos momentos, sin todo lo que me circunda.
Y sigo escribiendo en esta lista de las cosas de la vida todo lo que quiero lograr...
sábado, 9 de marzo de 2013
Casi 33.
Dejé la ciudad para regresar al campo.
A esta quietud que la naturaleza transmite. El silencio roto por el sonido de las aves, la brisa de la mañana que me golpea el rostro con suavidad diáfana y fresca. Tomo la taza de café entre mis manos, percibo su aroma y saboreo el reconfortante líquido en un trago mientras pienso en los cambios y sorpresas que nos da la vida.
El lunes cumpliré 33 años.
Hace unos meses me encontraba en mi departamento sin siquiera imaginar o planear el cambio de residencia, esto una vez más me confirma que aunque hagamos planes o proyectos la vida te da sorpresas cuando menos lo esperas. El día que me muedé de aquí, hace casi dos años, lo hice pensando en que la cuidad era lo mío, el ajetreo me vendría mejor que la paz de la naturaleza y me daría más oportunidad en todo sentido. Aunque debo confesar que en ocasiones pensaba en este lugar, en despertar con esta tranquilidad sin vecinos en derredor —como que la taza de café me sabe mejor— ideas mías tal vez, quizá y como la mente es tan poderosa, en el fondo mi deseo de estar de regreso se hizo realidad, igual y debía salirme de aquí para poder valorar lo que tenía. Lo cierto es que estoy feliz por el regreso y de iniciar un nuevo año también.
Como todos los años me gusta hacer recuento,sacar el balance, para ver qué es lo que tengo que mejorar y agradecer. Este año que está por concluir fue el año de la salud, tuve algunas complicaciones con la extracción de una muela del juicio lo cual me llevó a perder casi 6 kilos, también me detectaron una rara condición que se llama costocondritis, como si eso fuera poco la gripa me tumbó por algunos días y para cerrar con broche de oro, una bacteria se instaló en mi intestino sintiéndose ama y señora de aquel reino tibio, del cual al fin después de unos meses, pude desterrar gracias al enfrentamiento de una embate guerrillero con medicamento de artillería pesada. Salí bien librada de mis ataques corpóreos, supongo que él mismo pide a gritos un cambio cuando no está en el lugar indicado, que de alguna manera expone su objeción y quizá lo mío era regresar al campo.
No todo fue enfermedad claro está, también presenté mi segunda novela "Expediente 93" en Ensenada, Tijuana, San Diego y Guadalajara en la FIL. Inicié el guión de cine de la misma historia en conjunto con René Bueno, una excelente persona y talentoso Director y Productor de cine, orgullosamente Ensenadese como yo, que por azares del destino, se cruzó en mi camino para poder alcanzar la meta que me fijé 9 años atrás, cuando no tenía idea hacia dónde me llevarían mis letras, pero lo que sí tenía, era la certeza de que ese era el camino que quería tomar.
En cuanto a diversión, mi viaje a España fue el respiro que necesitaba para olvidar enfermedades y trabajo. Los viajes son para mí la cereza en el pastel, la energía que me recarga, caminar ciudades, probar comida típica, saborear bebidas deliciosa, escuchar otro acentos, llenarme las pupilas con el entorno, respirar otros aires, observar la luna desde otro punto del planeta, es sin duda, uno de los placeres de la vida.
En general, estoy a punto de concluir un muy buen año. Doy gracias a Dios y a mis ángles por su protección y bendiciones, por poner en mi camino a todas las personas que me rodean, las que están, las que se han ido, las que llegaron de paso para eseñarme mucho, inclusive para las que están a pesar de la distancia. No sería la misma sin los tropiezos, errores y anécdotas, sin todos los libros que he leido y sus historias, sin mis buenos y malos momentos, sin todo lo que me circunda.
Y sigo escribiendo en esta lista de las cosas de la vida todo lo que quiero lograr...
lunes, 28 de enero de 2013
Este es un cuento que escribí hace tiempo, se los comparto.
El andén se encontraba atestado de personas presurosas por tomar el tren. Ricardo empezaba a desesperarse, la paciencia no era una de sus virtudes y lo único que le importaba en esos momentos era llegar a su destino lo antes posible. Sentado en la banca extrajo de su bolsillo el reloj que había heredado de su abuelo; que en algún tiempo estuvo sostenido por una larga cadena de oro. Lo abrió con ansia, apesadumbrado constató el tiempo; el poco tiempo que le quedaba… y se sintió cual esclavo dominado por una determinación inflexible y temeraria, amenazando con arrebatarle la vida a mordidas, afirmando la inminente victoria de la muerte, mostrando unos colmillos filosos y a punto de hincar en cada minuto. Iban a dar las once de la noche. Hizo crujir sus dedos por inercia, no era que lo pensara, sino como una forma de exteriorizar su nerviosismo, una costumbre que cargaba desde pequeño. Se percató de sus dedos torcidos y se concientizó de ellos, le disgustaban, le parecieron gusanos chuecos y cabezones. A lo lejos vislumbró que el tren, al fin hacía acto de presencia, con diez minutos de retraso. Ascendió los peldaños y se apoyó en el barandal. Con aire ligero subió para buscar un asiento. Giró su vista en derredor para verificar que hubiese alguno disponible mientras sentía la vibración que producían las ruedas al deslizarse por los rieles. Le invadió el desgano; no tendría más remedio que realizar el trayecto de pie. Sin embargo, su fastidio se esfumó al advertir que una mano al fondo del vagón le indicaba que había un asiento disponible. Después de aquel día tan pesado al menos la suerte estaba de su lado y no te dría que aguardar dos horas parado. Atravesó el estrecho pasillo deteniéndose entre asiento y asiento. Se llevó una grata sorpresa al saber que compartiría asiento con una hermosa mujer, le dio las gracias por su amabilidad y poso las nalgas en la gastada butaca que había soportado millones de éstas a través de los años entre idas y vueltas de pueblo en pueblo. De reojo, trató de espiar el perfil de la chica, hasta que ésta lo tomó por sorpresa y le preguntó su nombre. Como adolescente, le respondió titubeante:
— Ricardo.
— Mucho gusto Ricardo, yo soy Laura — y le ofreció una linda sonrisa que mostraba una hilera de dientes blancos como terrones de azúcar —. ¿Hacia dónde te diriges?
— Voy a Ciudad del Prado.
— Vaya —exclamó — Yo me quedo a mitad del camino.
Él, no supo cómo interpretar aquella frase, ¿había cierta picardía en el tono de su voz, o se lo estaba imaginando? ¿Acaso empezaba a delirar por aquellos ojos color miel o era el cansancio que lo hacía sacar conjeturas erróneas? La luna que se asomaba por esa inmensa oscuridad, iluminaba los rasgos de Laura tan deliciosamente que sintió un deseo inmenso de poseerla. Sin planearlo siquiera, sus bocas se encontraron y perdió el sentido de lo circundante… reconoció sus labios como si los hubiera estado esperando toda la vida, húmedos, desesperados, llenos de pasión, con un sentimientos que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. Laura se acercó un poco más. No estaba seguro de continuar o desistir, pero la mujer no hacía ningún intento por alejarse; así que correría el riesgo. Con lentitud su mano izquierda fue subiendo por la pierna de Laura, podía sentir la piel suave, tersa —bendito el cielo que llevaba la falda corta — pensó. Un ligero gemido fue emitido de los labios de la mujer, esto lo hacía todo tan excitante ya que no debían de hacer ningún ruido, no debían despertar a las personas que se encontraban dormidas en los asientos delanteros. La mano de Ricardo siguió su curso, se encontró con la braga de encaje y con avidez maniobró la tela haciéndola a un lado con sus dedos huesudos, Ricardo estaba hinchado de placer, el pantalón apretado hacía que se debatiera entre el dolor y el deseo. No podía más, ya no quería perder más tiempo, aquel era el momento perfecto para actuar. Se llevó la mano al bolsillo, palpó el reloj del abuelo y la navaja, tomó esta última y la enterró con presteza en la yugular de Laura, en un corte perfecto. Ella ahogó un gemido detenido entre la mano huesuda de Ricardo, a la vez que la recostaba en el asiento.
—Disculpe señor.
Ricardo sintió una mano sacudirle el hombro. Por un instante no supo dónde se encontraba. El sueño lo había vencido mientras esperaba en la estación de tren que lo llevaría Ciudad del Prado. No recordaba en qué momento pudo pasar y con pena se percató de que lo ajustado de sus pantalones lo delataban, se colocó el sombrero sobre la entrepierna tratando de disimular. El sonido del tren lo regresó al fin a la realidad. Sacó su reloj, revisó la hora, se trepó en el momento preciso, atravesó el estrecho pasillo, se dirigió hasta el último asiento. Volvió a sacar su reloj con esas manos de gusano que tanto detestaba, y por descuido lo dejó caer, se agachó molesto para recogerlo — Desde cuándo debió colocarle una cadena aunque no fuese de oro —pensó. Al incorporarse se encontró con una mujer de piernas torneadas y sonrisa agradable.
—¿Me puedo sentar? Ya no hay otro asiento disponible, ¿está ocupado? — preguntó la chica.
El, respondió con un movimiento afirmativo de cabeza, le hizo un espacio a la chica al tiempo que palpaba con sus dedos de gusano, el bolsillo de su pantalón para sentir la navaja.
miércoles, 16 de enero de 2013
Les comprarto mi escrito para la Revista Reportaje.
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Para quienes compartimos el gusto por los libros, asistir a la segunda feria más importante a nivel internacional nos llena de regocijo; recorrer los pasillos de la FIL Guadalajara, con sus estantes repletos de diversas portadas, cientos de editoriales, variedad de géneros literarios, de mundos e historias ocultas entre las páginas dispuestas a ser descubiertas por algún lector ávido de aventuras, de conocimiento, de aprendizaje: Un sin fín de opciones a escoger para saciar a todo tipo de público.
Se percibe un ambiente de camaradería, de unión por el mismo deleite. Dentro de ese marco, estuve presentando mi segunda novela, Expediente 93, lo cual me llena de una gran satisfacción; sin embargo, lo que también me llena de satisfacción es poder ser un instrumento más para exhortar a los jóvenes que comparten la misma inquietud y el amor por las letras, a que persigan sus sueños, ya que considero que es lo que nuestro país necesita, más apoyo y aliento en el ámbito literario.
La escritura es una profesión ardua, en muy pocos casos remunerable. Se escribe por amor al arte, por placer, por devoción, por ese sentimiento que te recorre el cuerpo y que te exige exorcizar pensamientos, emociones, en ocasiones persiguiendo musas, interpretando enigmas ocultos en los recovecos de la piel o buscando respuestas entre el teclado (antes tintero).
Quizá, tan sólo se escriba para cerciorarnos de que no se esfume una idea, un pensamiento, para perdurar en el tiempo. El ser humano necesita del arte para sensibilizarse y apreciar lo bello de la vida, para olvidarse un poco de la triste realidad en la que vivimos, para combatir la ignorancia y la carencia, no nada más monetaria, sino de espíritu.
Estando en la sesión de preguntas y respuestas de mi ponencia, una chica me preguntó si no me daba vergüenza publicar mis escritos por el miedo a que no gusten o a la burla. He tenido varias presentaciones tanto de Expediente 93 como de La huida, y nunca nadie me había preguntado tal cosa.
Imaginé que así como ella tenía esa inquietud (por razones obvias se estaba proyectando) seguramente habría varios jóvenes con el mismo temor, ya que podemos pensar o sentir que el tema literario es elitista, lo cual en algunos casos es cierto; no obstante, todos iniciamos por algo y la misma vida, el tiempo y el esfuerzo nos hacen madurar y crecer.
Así que le aconsejé no darse por vencida: Todos hemos pasado por críticas u obstáculos, pero no debemos permitir que eso nos detenga; por el contrario, hay que perseguir nuestro objetivo. La chica al final de la conferencia, se acercó a mí para agradecer mis palabras, dejando la sala con una sonrisa y prometiendo enviarme sus letras para compartirlas conmigo.
Cuando escribo, no pienso en quién leerá mis novelas. Simplemente me dejo llevar por los hilos de la imaginación creando personajes, ambientes, lugares que transporten al lector y lo hagan olvidarse de la rutina. Pero cuando encuentro a jóvenes como ella y los animo a que no renuncien sin antes intentarlo y volverlo a intentar, sé que no nada más escribo novela, sino que participo y contribuyo a fomentar la cultura, y eso, me enorgullece tanto como ver mis escritos publicados.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Recuento del año.
Este 2012 trajo consigo muchas satisfacciones y enseñanzas. Estoy muy agradecida con Dios, que me da la oportunidad de poder experimentar esas vivencias para mi crecimiento en todos los sentidos. Hacer recuento de lo acontecido en el año, se ha vuelto una especie de ritual porque así puedo ver qué alcancé, qué me falta por alcanzar y qué quiero agregar a mi lista de las cosas de la vida antes de morir.
Durante el año tuve varias presentaciones de mi segunda novela Expediente 93, en diferentes escentarios: Ensenada, Tijuana, Mexicali, Guadalajara y San Diego, Ca. Cumpliendo así una más de mis metas, el compartir con quienes se embarcan en esta aventura del mar de mis letas y esa complicidad que envuelve al lector en el mundo creado por el escritor.
También y con respecto a esta historia "Expediente 93", inicié en conjunto con un reconocido Director, el guión de cine que llevará el título de "Una simple aventura" eso es un reto enorme, sin embargo, ya di el primer paso y me siento muy orgullosa, contenta y agradecida, tanto con Dios como con mis ángeles, por poner en mi camino a la persona adecuada para lograr mi sueño.
Participé en el concurso "Señora México" que me dejó una grata experiencia, viví y reviví momentos de pasarela, de maquillaje, de vestuario, conocí gente y promocioné mi libro, pero también comprobé una vez más que se pierde cuando se gana y se gana cuando se pierde, porque así se ve la realidad de lo que hay detrás.
Tomé un curso de cine, que me enseñó más de lo que a simple vista se puede ver. A veces Dios nos reserva los aprendizajes donde menos lo esperamos.
Tuve la oportunidad de regresar a uno de mis lugares predilectos, la ciudad de Madrid, y conocer lugares nuevos en ese País; Alicante, Murcia, el mar Mediterráneo en La Manga (y escuchar la canción de Serrat, mientras lo veía, ahora sí que como el anuncio, "no tiene precio") Jumilla, Valencia, regresé a Granada, Toledo, en fin fue un viaje lindo en compañía de mi marido que disfrutamos muchísimo.
el 2012, no nada más fue un año de pura miel, también me trajo enfermedad a la cual le di batalla. La extracción de mi muela del juicio se complicó, una gripa fuertísima me tumbó por unos días, me detectaron una condición que tiene por nombre "Costocondritis" y por último unas aguerridas bacterias en el estómago pretendieron apoderarse de mi intestino.
En cuanto a mis escritos me siento muy satisfecha con los avances de mi cuarta novela "Vida Arrabalera" es una novela de la cual me estoy enamorando cada día más. No cabe duda de que cuando actuamos y hacemos todo con amor, la magia nos envuelve en su halo, nos ilumina y nos acompaña en nuestro andar.
Deseo que el 2013 llegue cargado de mucho amor, paz, luz, bendiciones, que los pensamientos positivos sean los que ronden nuestra mente y las vibraciones de color sean las que se desprendan de nuestros corazones hacia toda la gente que nos rodea.
Gracias a todos los que me han leido y los que me siguen leyendo, gracias a todos los que están conmigo y los que se han ido de mi lado también, gracias a todos por sus buenos deseos, sigamos aprendiendo para crecer día a día.
Les dejo un beso y un abrazo sincero.
Nurkia Rudametkin Rodríguez.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Una mirada al bajo mundo.
Esta anécdota, no podía dejar de escribirla; ya que independientemente de lo que se pueda pensar al leerla, me deja una nueva enseñanza. Siempre me había preguntado cómo serían esos lugares de mala muerte donde las mujeres bailan en derredor de un tubo en el centro de la pista. Pues bien, de eso se trata mi experiencia, de esa mirada al bajo mundo que jamás imaginé experimentar.
El sábado pasado fue la despedida de soltera de mi amiga, se casa a finales de este mes y le organizamos una pequeña reunión sorpresa en el patio de su casa, con deliciosa botana, bebida, flores, velas, música, todo quedó de maravilla, disfrutamos de la velada entre pláticas y risas. De pronto, nos dice:
— Quiero ir a un table dance.
Me quedé con cara de signo de interrogación, igual y hubiera esperado que pensara en un bailarín, de esos musculosos, vestidos de bomberos, de policías o qué se yo, pero no, ella quería ir a un table dance. De las diez integrantes del grupo ninguna puso objeción y ni modo de aguarles la fiesta, total; era su despedida y para eso estamos las amigas, jejeje. Con sinceridad comento que me he preguntado cómo sería ese lugar, los vemos en la televisión, en alguna película, pero al menos en mi caso,jamás en vivo y a todo color.
Llegamos, el guardia nos dice que no podemos entrar sin la compañía de un caballero, entonces otra amiga le llama a su novio y así como si nada, le dice que vaya para que nos permitan la entrada. Mi primera impresión del lugar, más que visual fue sensorial, pude percibir la energía cargada de cierto negativismo, sentí un peso sobre la espalda. Para los que me conocen, saben que soy una persona que percibe tanto lo bueno como lo malo y ese lugar, esa boca de lobo, oscura y ruidosa, me produjo una sensación de asfixia. Pero me tranquilicé, cerré mi lado sensible y saqué a la escritora que llevo dentro, la que observa imparcial y con mente abierta.
El lugar era relativamente pequeño. Oscuro. Con asientos en derredor de la pista donde una chica trepada en sus tacones de aguja, pechos al aire, cabello suelto y movimientos sensuales, deleitaba a los espectadores, llevándolos a imaginarse con ella entre las sábanas de algún cuarto de hotel, para desfogar esos deseos que provocaba su baile al ritmo de una canción de moda en derredor del famoso tubo.
Nos sentamos. Mi perspectiva de la chica era mas objetiva, no había bebido, así que el embrujo del alcohol no podía alterar mis sentidos.
Encontré más que un cuerpo de mujer, una historia y no pude dejar de imaginar cuál sería, qué la había llevado hasta ese lugar, a desnudarse así sin descaro, ni recato, a mostrar sus genitales, a tirarse en el suelo y abrir las piernas, tocarse, incorporase y ser la reina del lugar. Sentí congoja, quizá no deba sentirla, igual y es feliz de esa manera. Ganar dinero fácil? Flagelarse? Vengarse de ella o de alguien más? muchos motivos puede haber. Sé que la desnudez es algo más que cubrirse el cuerpo, la desnudez de alma es algo mucho más complejo, porque nos cubrimos con máscaras, borrando o tapando los sentidos, blindando pensamientos, emociones. Es difícil romper los esquemas que impone la sociedad, o debería llamarle "suciedad" de qué estamos hechos? quiénes somos para juzgar?
La anécdota del table, me deja muchas preguntas al aire, quizá regrese algún día para entrevistar a alguna de las chicas, eso sería mucho mas interesante que verlas danzar en la pista, o quizá y mejor aún me acerque a alguno de los tipos que observan y los cuiestione qué los hace ir a ese lugar, si finalmente no ganan nada más allá que una aventura en el mejor de los casos, no pensemos en alguna enfermedades, en fin, el bajo mundo como lo he titulado, me ha dejado al menos; algo más que unos cuantos pasos de baile.
martes, 4 de septiembre de 2012
¿La tribu Gwinch’in y usted, tienen algo en común?
Por mil generaciones, la tribu Gwinch’in vivió en el norte de Alaska aislada casi por completo de otras culturas. Los miembros de la tribu eran completamente autosuficientes; sobrevivían gracias a las habilidades que les habían enseñado sus padres y mayores. En 1980, uno de los líderes de la tribu adquirió una televisión. Los miembros de la tribu describieron el evento como el principio de una adicción. Pronto empezaron a hacer caso omiso de las costumbres autóctonas para poder pasar más tiempo frente al televisor. Un investigador dijo sobre la experiencia de la tribu: “Para esos nativos, como para todo el mundo, la televisión es un gas cultural neurotóxico. No tiene olor, no duele, no sabe a nada y es mortífero”. ¿Qué pasó con las tradiciones Gwinch’in que habían existido por miles de años? En palabras de un miembro de la tribu: “La televisión nos hizo desear ser algo distinto de lo que éramos. Nos enseñó la codicia y el desperdicio y, ahora, todo lo que éramos ha desaparecido”
La televisión cambia nuestra visión del mundo y nos puede alentar a llegar a conclusiones irreales, y con frecuencia dañinas, que reducen nuestra sensación de satisfacción en la vida en más de un 50%. A diferencia de la lectura, porque al leer se compromete la mente, ejercitamos nuestra memoria e imaginación y esto puede contribuir a nuestra felicidad, de forma similar a como lo hace el pensar positivo. Los lectores frecuentes tienen un ocho por ciento más de posibilidades de expresar satisfacción diaria. (Los 100 secretos de la gente feliz).
Sin embargo, somos los únicos que tenemos el control para decidir si prender o apagar la pantalla. Existen intereses detrás para no modificar la programación, es la estrategia que utilizan para manipular y ejercer poder sobre las mentes débiles, así como también coartar la libertad de expresión; limitar el desarrollo y la creatividad, imponer su voluntad y presentar el programa que se les viene en gana, algunos se cuestionarán si lo que ven es cierto, otros lo dan por sentado, unos cuantos quieren ser como el protagonista de la tele y poco a poco el sutil estupefaciente va logrando su objetivo hasta atrapar al televidente en su telaraña de mundo ficticio. En esa falacia que hace que todo se vea mejor detrás de la pantalla y se robe horas al día que pudieron haberse empleado en algo más provechoso.
jueves, 23 de agosto de 2012
Realidad o Ficción?
Me preguntan, si lo que escribo tiene que ver con mi vida. Yo sonrío y niego, niego porque no me parezco al científico de “La huida” que intenta desarrollar un medicamento y al mismo tiempo pretende poner en la balanza su moral. Niego porque no tendría valor para abandonar una hija e intentar continuar con mi vida, caminando por la existencia perseguida por los fantasmas del arrepentimiento, tampoco podría ser partícipe de utilizar a otro ser humano en algún experimento o ser una chica de mirada dulce y corazón frío. Sonrío y sigo negando el tener algún parecido con esa mujer de “Expediente 93” que lentamente va perdiendo su autoestima para dar paso a otra distinta a la que era, difiero de que en la vida el dinero es lo más importante como alguno de mis personajes opinaría. No utilizaría el chantaje para lograr algún objetivo, ni reprimiría mi sentir o pensar sólo porque no sería bien visto en el círculo social; por mencionar algunos de los temas que se desarrollan en mis novelas. Sin embargo, creo que como escritora tengo la obligación de ser un tipo de mago que transporte al lector hasta determinado momento, lugar o sentimiento y poder desmenuzar tanto entornos como pensamientos; llevarlos a conocer otras vidas, o quizá hasta alguna historia que los haga identificarse. Me siento con esa responsabilidad de tocar temas diversos aunque reales como el amor, el desamor, la infidelidad, el orgullo, la ambición, el placer, entre muchos otros que nos conforman como seres humanos y nos van forjando el carácter, las decisiones y como consecuencia los desenlaces. Lo que respondo cuando me preguntan si mis escritos son realidad o ficción, es que todos los personajes tienen algo mío, porque están pensados y creados desde mi punto de vista, tienen dejos de mi personalidad pero rasgos propios…han encontrado la manera de expresarse a través de los hilos de mi imaginación. Observo, escucho, percibo, huelo e intento plasmar y me tomo la libertad de disfrazar pensamientos, coquetear con ideas, revestir el lenguaje, seducir al oído, sucumbir a mis temores, desfogar pasiones, romper miedos, matar desilusiones y creas ilusiones nuevas, reinventar el dolor, rescatarme de la tristeza. Así, no solo nacen las historias del escritor sino la empatía para el observador o lector, entonces al final tal vez, el papel del escritor es servir de instrumento o quizá es sólo un débil pretexto para exorcizar demonios que no tiene tantas ganas de desterrar, porque se quedaría sin material narrativo o porque está tan acostumbrado a ellos que le da miedo la soledad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


